En 1898 nuestro bisabuelo compró la finca.
En 1949 nuestros abuelos, confiteros, comienzan a cuidar de la esta hasta que pasa a ser de nuestra madre.
Antoñita, la tercera generación, maestra de profesión, nos inculcó el respecto por la naturaleza y alimentación saludable y equilibrada.
Actualmente, nosotros, la cuarte generación, con formación en olivar y aceites cuidados de esta pequeña finca.
A día de hoy, ofrecemos un alimento de máxima calidad, un alimento de premio.